Archivo mensual: febrero 2010

Hospital de Móstoles, un sitio distinto para comer

HOSPITAL GENERAL UNIVERSITARIO DE MÓSTOLES

enero de 2010

Precio medio: difícil de calcular (pago vía impuestos)

¿Recomendable?: Sí

Hoy voy a hablaros de un sitio distinto, que justifica por qué este apartado del blog se llama “Restaurantes y similares”.

Se trata del Hospital Universitario de Móstoles, donde me he visto obligado a pasar veinte días de enero, disfrutando de las delicias de su cocina central. Una vez que pude comer, claro, porque antes de eso me pasé seis días colgando de la botella de suero, sin un mal trago de agua que echarme a la boca. Mientras, por la mesa de mi vecino de habitación desfilaban las bandejas de viandas con una pinta inesperadamente buena para lo que uno se puede esperar encontrar en el menú de un hospital.

Por fin, llegó mi momento y, tras un par de días más de prueba a base de agua, manzanillas y un caldo infumable, empecé con la dieta denominada “Transición”, a base de deliciosos purés y cremas con nombres tan poco llamativos como Sopa de arroz, Túrmix de pollo, Sopa de fideos o Túrmix de ternera (fotos), pero con un sabor excelente.

Al noveno día, a la hora de la comida, pasamos a la dieta llamada “Blanda fácil digestión”, con un menú compuesto por una buenísima Crema de ave y un enorme Filete de ternera a la plancha, con guarnición de champiñón (foto) . Las siguientes cena y comida no destacaron especialmente. Como el desayuno y la merienda, que no variaban mucho de un día para otro, dejando a voluntad del paciente la elección de galletas o pan combinado con algo untable.

Desayuno Merienda

En la cena del décimo día me pasaron a la dieta llamada “Basal”, que sería lo más parecido a una comida normal. Así pude disfrutar de buenos primeros platos, como la Crema de calabacín, verduras magníficamente cocinadas como la Coliflor al ajoarriero (foto) o las Acelgas rehogadas (foto). Otros como un gran Potaje de garbanzos (foto), o la clásica Paella del jueves (como en los restaurantes de menú), con un arroz en su punto y con pollo, calamares, mejillones, gambas… y aceitunas, como la de la tía Luisa (foto). Muy buena. Otro día tocó Fideuá (foto), que tampoco estaba nada mal.

De los segundos platos, destaco un Pollo asado con un punto perfecto entre jugoso y dorado (foto), y un Estofado de pavo con patatas fritas (foto), con una carne tiernísima y jugosa, y en cantidad más que abundante, por no hablar de unas patatas fritas sorprendentemente buenas. Ni una quedó en el plato. Los pescados, sin embargo, no destacaron especialmente.

Aparte de esto, el postre variaba entre la fruta de temporada, compotas de pera o manzana, y postres lácteos Danone.

Que nadie piense que me he vuelto loco o que he sufrido una especie de Síndrome de Estocolmo gastronómico después de leer tantas alabanzas a la comida del hospital. No es que esto sea comparable a cualquier restaurante de la calle, pero la comida me pareció tan buena en relación a lo que me esperaba que no me ha quedado más remedio que hacer este pequeño homenaje. Hay que tener en cuenta que no es igual de fácil cocinar bien para tres que para trescientos (o tres mil) a lo que se añaden los tiempos y distancias que pasan desde que la comida se emplata en la cocina hasta que llega al enfermo, unos cuantos minutos después, tras un recorrido más o menos largo por pasillos y ascensores, en esas efectivas (doy fé) bandejas isotérmicas, encargadas de mantener frío lo frío y lo caliente, caliente (foto).

Ya puestos, tampoco quiero dejar pasar la ocasión de agradecer el servicio prestado por todo el personal de la planta sexta del hospital y cualquier trabajador del hospital que haya tenido algo que ver en mi recuperación (personal de urgencias, radiólogos, celadores, etc). Y, cómo no, un recuerdo muy especial para el señor Pepe, mi vecino de habitación, compañero de batallas, pinchazos, y despertares a media noche durante las tres semanas que estuve ingresado. Seguir leyendo

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