Ruta Cantábrica, 2ª parte (octubre-2009)

(Pincha aquí para ir a la 1ª parte)

Miércoles, 14 de octubre

Llanes – El soplao – Fuente Dé – Mogrovejo – Potes

152 kms.

Desayunamos en el buffet del hotel, normalito, bollería y tostadas. Al salir al coche con la maleta vemos lo que no vimos ayer por estar ya anocheciendo cuando llegamos al hotel. Que el hotel está en primera línea de una playa (foto) que es como una minibahía, preciosa. Es casi como si fuera una playita privada del hotel. Nos apuntamos la playa de Barru para futuras incursiones por Asturias.

14 1009 Playa de Barru

Enfilamos para tierras cántabras, en dirección a la cueva de El soplao, para lo que reservamos las entradas ayer por teléfono desde el mirador de San Roque (10,70 € c/u).

Todo el camino hasta llegar a la cueva discurre entre verdes montañas, con vaquitas por aquí y por allá. Desde Puente El Arrudo sale la carretera que sube ya directamente a la cueva, cuya entrada se encuentra en lo alto de una montaña a quinientos cincuenta metros de altura, en plena Sierra de Arnero, rodeados de vistas espectaculares (foto).

14 1207 Desde El soplao

Retiramos las entradas en la taquilla y a la hora indicada, montamos en el trenecito que nos introduce en la cueva unos quinientos metros. El tren va completo (estamos en un día laborable en medio de una semana de octubre y me llama un poco la atención). Nos bajamos del tren y caminamos unos cien metros más hasta estar dentro de la cueva, donde se inicia ya la visita guiada.

La cueva de El Soplao se descubrió a principios del siglo XX, como resultado de la explotación minera que había en el lugar, llamada La Florida, que se dedicaba a la extracción de zinc y plomo. Está abierta al público desde 2005 y recibe el nombre del argot minero, donde se llama “soplao” a la corriente natural de aire que atraviesa una excavación minera.

Aunque la cueva es enorme y hay todo tipo de formaciones, lo más característico de la cueva de El soplao son las estalactitas excéntricas, llamadas así al no tener un eje concreto, con salientes por todos lados (foto). Aunque hay diversas teorías, parece ser que no hay ninguna definitiva que explique el origen de estas formaciones tan curiosas. La gruta es enorme, y eso que en la visita turística solo se recorre una ínfima parte. La visita dura una hora aproximadamente y merece realmente la pena. Se pasa por salas con nombres alusivos a las formaciones que contienen, como la de los fantasmas o los frailes (foto), por la forma de las estalagmitas del suelo, parecida a la de los clásicos fantasmas de la sábana, la de las banderas, que tal cosa parecen unas formaciones que cuelgan del techo, la lámpara (foto grande), que es la más llamativa de esas formaciones excéntricas que mencionaba antes, o la catedral, que es lo último que se visita, una sala con el techo tan bajo que se puede tocar con la mano, donde con la música de fondo de “Los chicos del coro”, es fácil quedarse con la boca abierta por la belleza y espectacularidad del lugar. Está prohibido hacer fotos en toda la cueva pero, como en otras ocasiones, intento irme rezagando del grupo y con la cámara en la cintura voy disparando fotos sin flash, consiguiendo alguna decente.

          14 1302 Los soplaos de El soplao     14 1303 Los frailes

14 1310 La lámpara

Al salir de la Cueva ya es hora de comer y siguiendo una publicidad que nos han puesto en el parabrisas del coche, llegamos a Cades, en concreto al restaurante Casa Mateo, donde comemos un menú bastante decente por 8 € cada uno. De primero cocido montañés (foto) para los dos y de segundo yo me pido lo impensable, unas sardinas (foto). Muy buenas, por cierto. Como nota curiosa, decir que como también vimos en el restaurante Don Pepe de O’Pereiro la semana anterior, la gaseosa que nos pusieron para acompañar el vino era de la marca Schuss (foto), cuyo símbolo del simpático limón sonriente recordamos con nostalgia los más viejos del lugar. Era una marca española que ha vuelto al mercado tras más de treinta años de inactividad, de la mano de Coca-Cola, que quiere hincarle el diente a La Casera, dominador hegemónico del mercado de las gaseosas en España.

   14 1416 Casa Mateo 14 1417 Casa Mateo Cocido montañés  14 1434 Casa Mateo Sardinas

Para llegar a nuestro siguiente destino, el Teleférico de Fuente Dé, tenemos que volver sobre nuestros pasos, entrando en Asturias unos kilómetros para luego atravesar el Desfiladero de La Hermida (foto), una garganta por la que discurre la carretera en paralelo al río Deva, encajada entre laderas de montañas que llegan a los seiscientos metros de altura en algunos tramos. En algunos puntos hay que detenerse o salirse de la carretera por la derecha para permitir el cruce con algún autocar o camión. Son veinte kilómetros espectaculares.

14 1558 La Hermida

Atravesamos el pueblo de Potes, donde luego volveremos a dormir, y seguimos unos quince kilómetros más hasta llegar al valle glaciar desde donde arranca el teleférico, en el macizo central de los Picos de Europa. El sitio es precioso, un punto rodeado de montañas, y los cables del teleférico que se pierden de vista en lo alto de la montaña. Parece increíble que pueda subir hasta allí.

Sacamos los billetes (14 € c/u) y nos montamos en la diminuta vagoneta (unas doce personas). La altura a la que vamos suspendidos impone, pero no llega a dar una sensación de peligro. Parece todo bastante controlado. Nos ameniza el viaje de subida el típico mariquita andaluz gracioso que se va acordando de todas las vírgenes que conoce y haciendo testamento. Vídeo de la subida.

Llegamos arriba y nos damos una vuelta por la mesetilla que hay en lo alto de la montaña, donde hay rebaños de ovejas y cabras (foto izquierda). Algunos de los pasajeros del teleférico van con mochilas para continuar la escalada o incluso pernoctar por la zona. Desde lo alto, la estación donde hemos tomado el teleférico se ve microscópica (foto derecha). Hemos subido setecientos cincuenta metros en un trayecto que dura unos cuatro minutos.

         14 1716 Ganado cántabro       14 1735 Teleférico

A la bajada la gracia la pone un anciano extremeño que hace todo el viaje con la cara tapada con las manos por el pánico que le da mirar para abajo. Qué hombre más gracioso, al bajarse del teleférico decía “y sin embargo, luego me subo en lo alto un caracol y no tengo miedo ninguno”. Vídeo de la bajada.

De vuelta hacia Potes, también incluido en la lista de los cincuenta pueblos más bonitos de España, paramos en otro que también está en la lista y nos pilla de paso: Mogrovejo (fotos). Es un pueblo pintoresco y nos damos una vuelta sin cruzarnos un alma por sus calles. A Marina no le gusta mucho.

  14 1822 Mogrovejo 14 1826 Mogrovejo 14 1842 Mogrovejo

Llegamos a Potes buscando ya el apartamento, que resulta estar en una calle casi inaccesible para el coche y tenemos que subir con los trolleys dando tumbos por unas cuestas empedradas.

15 1709 Apartamentos en Potes15 2002 Apartamentos Villa de PotesLos Apartamentos Villa de Potes están ubicados en lo que parece un palacete o, al menos, una vieja casa señorial (foto izquierda).  Paredones tremendos de piedra y, ya en la habitación, gruesas vigas y pies derechos de madera que no tienen pinta de ser de atrezzo, sino estructurales, al menos algunos de ellos. Aparte de eso, el apartamento está muy bien, con una cocina totalmente equipada tipo americano, comunicada con el comedor con una barra de madera (foto abajo izquierda). El dormitorio sin puerta, con una cama grande y cómoda y un cuarto de baño con todo lo necesario. Además, para completar la decoración, tenemos cuadros de esos con grabados ingleses de escenas de caza (foto abajo derecha), que por más que le extrañe a mi hermana, a mí me encantan.

Salimos a dar una vuelta por el pueblo y hacemos compra, para cenar en el apartamento.

        14 2003 Apartamentos Villa de Potes       16 0955 Cuadros y vigas

 

Jueves, 15 de octubre

Potes – Santo Toribio de Liébana – Sotama – La Hermida – Potes

41 kms.

Desayunamos en el apartamento y nos vamos al Monasterio de Santo Toribio de Liébana (foto), cercano a Potes.

15 1216 Santo Toribio

Lo más importante que hay aquí es el “lignum crucis”, lo que se supone que es el mayor trozo conservado del madero donde crucificaron a Jesucristo. Es un importante punto de peregrinación y uno de los cinco del mundo que celebra Año Jubilar. Antes de entrar al monasterio, es recomendable ver un vídeo explicativo que proyectan en un porche cubierto en el exterior del edificio. Los autocares van y vienen constantemente, pero afortunadamente no es un día punta, a juzgar por las plazas libres en el parking.

 15 1148 Lignum crucis                                                                                                                                                                                                                                        15 1200 Claustro Santo ToribioDespués del vídeo, accedemos a la iglesia, donde, en la capilla donde se guarda el célebre leño, un anciano fraile con su hábito marrón da otra pequeña teórica de su historia y nos intenta mentalizar de su importancia espiritual. Acto seguido, empezamos todos a desfilar delante del relicario en forma de cruz (foto) donde tienen metido el “lignum crucis” a salvo de la carcoma y otros males. Unos besan el relicario y otros no, pero todos hacemos el paseíllo.

A continuación, echamos un ojo al claustro de estilo herreriano (foto), que no tiene un especial valor arquitectónico, y después subimos a una ermita que hay en un alto en el exterior del monasterio, desde la que hay unas vistas espectaculares del valle de Liébana.

Pasamos por Potes y seguimos en dirección a Panes, para ir a Sotama, el enorme centro de interpretación de los Picos de Europa en el pueblo de Tama. Vemos una bonita proyección, con el paso de las estaciones del año por los Picos, y luego vemos el resto del Centro, con paneles informativos de la vida y costumbres en la zona, la fauna, vegetación, etcétera. Está bastante interesante.

Al salir del centro es la hora de comer y, al haber visto que Potes está lleno de restaurantes que anuncian a bombo y platillo sus “menús turísticos”, decidimos ir en dirección contraria a buscar un comedero. O sea, seguimos en dirección a Panes, metiéndonos de lleno en el Desfiladero de La Hermida, por el que llegamos hasta el pueblo del mismo nombre.

Pregunto en un sitio al que veo entrar un pelotón de trabajadores de la carretera, y me hacen la misma jugada que ayer en La flor del Pumar, quince euros me piden por un menú. ¡Para ellos!, o como diría mi abuela Carmen: “pa’ su tía y once putas”. Cruzo la carretera, pregunto en el de enfrente y me dice la encargada que tienen menú a diez euros. Se llama Casa Campo y ahí es donde comemos. Cocido de primero y, de segundo, escalopines al cabrales para mí y filete de ternera para Marina (fotos). Y qué patatas fritas más buenas. Cuando voy a pagar, me pide veintiún euros con cincuenta, y al recordarla que me había dicho que el menú era a diez euros, me dice que la gaseosa no entra en el menú y que cuesta un euro con cincuenta. ¡Toma democracia! ¡Qué grande es España! Efectivamente, no creo que haya ninguna ley que diga que el menú del día tenga que incluir la gaseosa, pero estamos acostumbrados a que en general sea así. Sin ir más lejos, ayer en Casa Mateo, en otra localidad tan cántabra como la que estamos, así fue. Pero, siendo justos, en Madrid no te dejan en la mesa el puchero con los garbanzos para que repitas hasta reventar, por ejemplo. Vaya lo uno por lo otro.

15 1448 Cocido  15 1502 Casa Campo Escalopines al cabrales  15 1503 Casa Campo Filete de ternera, supongo

Después de comer, volvemos a Potes, hacemos compra en el supermercado Lupa, y nos vamos a dar una vuelta por el pueblo.

Cruzamos el puente sobre el río Quiviesa (foto) para ver más de cerca el monumento más destacado, al menos visualmente, en Potes: La torre del Infantado (foto), atalaya cuadrada que solo puede verse desde el exterior.

    15 1724 Puente sobre el Deba    15 1723 Torre del Infantado

Entramos luego en las dos iglesias de San Vicente, la nueva, sin nada que destaque especialmente, y la vieja, donde hay una exposición de libros antiguos relacionados con el Beato de Liébana, aparte de hacer las funciones de oficina de turismo. Cruzamos la carretera hacia la parte más antigua de Potes y pasamos bajo los arcos de la calle del Sol (foto), cruzamos el puente más antiguo (o esa pinta tiene) de los que cruzan el Quiviesa (foto), y callejeamos un rato por las empinadas y empedradas calles del casco antiguo de Potes.

       15 1751 Potes    15 1932 Río Deba en Potes

Acabamos entrando en un bar, Casa Cayo, donde unos visitantes, conocidos de la casa, sin duda influenciados por los efectos de los afamados orujos de la zona, están dando un concierto a capella. Uno canta con portentosa voz y otros hacen los coros y tiran cohetes. El que lleva la voz cantante, de decimonónicos bigotes, y cuyo nombre lamento no recordar, charla un rato con nosotros y acaba invitándonos a una ronda.

Los dejamos con su zarzuela y nos vamos de tiendas por el pueblo, acabando en nuestro apartamento, donde cenamos.

 

Viernes, 16 de octubre

Potes – Puente de Vizcaya – San Juan de Gaztelugatxe – Bermeo – San Sebastián

384 kms. Gasóleo Petronor + Peaje A8 + Parking: 55,40 €.

Desayunamos en “casa”, recogemos y nos vamos de Potes. Dirección: Portugalete.

Atravesando de oeste a este casi toda la comunidad cántabra, llegamos a tierras vizcaínas.

Nuestro destino es el Puente de Vizcaya (foto), maravilla de la ingeniería Patrimonio de la Humanidad.

16 1321 Puente de Vizcaya desde Portu

Este puente, construido a finales del siglo diecinueve, comunica las dos orillas de la ría de Bilbao, uniendo Portugalete y Guecho. Es una especie de ferry que en lugar de cruzar la ría por el agua, lo hace por vía aérea, con una barquilla suspendida de unos cables que cuelgan de la estructura de hierro del puente (foto). De hecho, es el puente-transbordador más antiguo del mundo. Tiene capacidad para seis vehículos y varias decenas de personas.

16 1334 Barquilla suspendida

Desde hace unos años, aparte de su uso como habitual medio de transporte para los habitantes de la zona, se le está explotando como atracción turística, pudiéndose acceder a la estructura superior, que se ha convertido en una pasarela (foto) desde la que tenemos magníficas vistas de la ría y los municipios colindantes (foto), al modo del Tower bridge londinense. Un sistema de audio va dando explicaciones técnicas de la construcción del puente y sus avatares históricos según se avanza por la pasarela, que está situada a cincuenta metros de altura, lo que permite la circulación de barcos por debajo.

         16 1350 Segunda toma      16 1351 Ría hacia Bilbao

Como estoy empeñado en cruzar el puente de las tres maneras posibles (por la pasarela superior, en la barquilla como peatón y en coche), lo que hacemos es pasar de Portugalete a Guecho por la pasarela (5 € c/u), a la que se accede por un ascensor. Bajamos de la pasarela en la orilla de Guecho, y volvemos a Portugalete como peatones en la barquilla (0,30 € c/u), en una de las dos cabinas cerradas a los lados del espacio reservado para los vehículos. Una vez en Portugalete, vamos a por el coche, esperamos pacientemente la cola de vehículos (foto) (es hora punta, y nos toca esperar dos viajes). Ya montados en la barquilla, cruzando la ría (foto), y sin bajar del coche, pasa el cobrador (1,80 € total).

                             16 1435 Esperando el embarque                    16 1442 Esperando el desembarque

Ya en Guecho, fuera de la barquilla, me acuerdo de un sitio donde cené pollo asado con mi primo José Luis cuando me ayudó a montar el Ñam de Baracaldo, en mayo del noventaicuatro, el día que el Depor no ganó su primera liga por el famoso penalty fallado por Djukic. Era un autoservicio en la misma playa de Guecho, y estaba justo debajo del hotel Igaretxe-Agustín, donde nos alojamos aquella noche. Cuando conseguimos dar con ello, después de dar muchas vueltas, lo veo vacío y no me gusta lo que veo dentro, o sea que decidimos buscar otro sitio, en dirección a San Sebastián.

Finalmente, en una gasolinera vemos un restaurante (Solaguren se llama) que anuncia menú, pero son casi las cuatro y nos admiten a regañadientes. Al final, en vez del menú, nos comemos un contundente plato combinado cada uno (fotos) (filete de ternera para Marina y alas de pollo para mí, más ensalada, huevos fritos, pimiento del piquillo, y patatas fritas), que por 7 € incluye la bebida y el postre. En cuanto salimos del restaurante, bajan el cierre.

              16 1532 Combinado Marina           16 1532 Combinado Mariano

Vamos recorriendo la carretera cercana a la costa, pasando por Gorliz, donde estuvimos hace seis años comiendo y bañándonos en su playa. Marina va dormida.

Nuestra siguiente parada debería ser la ermita de San Juan de Gaztelugatxe (foto) pero nos encontramos con un problema inesperado, que ahora contaré.

16 1715 Gaztelugatxe desde la carretera

La ermita (construida en el siglo X), se encuentra en lo alto de un islote unido a la costa por un puente. La única manera de llegar a la ermita es subiendo los doscientos trienta escalones que la separan del parking. Al parking se llega por un camino de casi tres kilómetros que desciende desde otro parking que hay en un apartadero de la carretera. Pues bien, aquí está nuestro problema. En el camino que baja desde la carretera hasta el parking de la ermita ha sido prohibida la circulación desde hace poco tiempo, con lo cual hay que dejar el coche en el parking de la carretera, que está lleno de cristalitos de ventanilla, lo cual no hace presagiar nada bueno. La idea de dejar el coche unas dos horas abandonado a su suerte con todo nuestro equipaje dentro no es muy seductora, con lo cual abortamos la misión y nos conformamos (¡qué remedio!) con ver la ermita desde zona segura y seguir camino hasta Bermeo, donde nos damos una vueltecilla, callejeando un poco, pero hay algo en el ambiente que no me gusta. El supuesto bonito pueblo pesquero que debía ser Bermeo (fotos), no parece tal cosa. Es difícil de explicar, pero ciertas pancartas colgadas de los balcones y alguna otra cosa hacen que el pueblo no sea muy acogedor.

             16 1824 Ayuntamiento de Bermeo            16 1932 Bermeo, puerto pesquero

Mientras nosotros visitamos Bermeo, unos cuantos pescadores de este pueblo lo pasan muy mal por culpa de unos piratas somalíes a bordo del Alakrana.

Al salir del pueblo, en cuanto podemos, enganchamos ya la autopista para San Sebastián.

Gracias al Navman, en un pis-pas estamos subiendo para el Monte Igueldo, camino del Hotel Gudamendi, que no era el que Marina se pensaba, pero está muy muy bien. Una vez que se llega, claro, porque está un poco escondido. Se trata de un hotel de cuatro estrellas, y la habitación es cómoda y bastante grande. Cuando vamos a salir a cenar, el recepcionista nos recomienda que bajemos al centro en taxi o autobús porque el tráfico en San Sebastián es poco menos que imposible.

Cuando llegamos al meollo nos queda clara una cosa: este hombre nunca ha estado en Madrid, porque para mi pueblo quisiera yo lo que este hombre llama atascos. Al final metemos el coche a un parking y vamos dando un paseo hasta la Parte Vieja a comer unos pintxos. Como la verdad es que no tenemos muchas ganas de dar vueltas, en el primero que vemos con una barra bien surtida nos acoplamos. Se llama Casa Bartolo. Cogemos una mesita que se queda libre y el camarero nos explica el sistema. En un plato que él te da pones los pintxos que te apetecen, luego se los enseñas, le pides la bebida y te echa la cuenta. Como está todo buenísimo, hacemos una segunda ronda. Total, 22 euros. Una vez con la panza llena, de vuelta para el hotel, que mañana habrá tiempo para más cosas.

16 2304 La concha de noche                                                                 La Concha iluminada, desde el mirador de Monte Igueldo

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